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MI HISTORIA

MacGicMind nace de unir lo que somos por dentro con todo aquello que expresamos y construimos por fuera.

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Durante mucho tiempo pensé que mis intereses pertenecían a mundos diferentes.

 

Hoy entiendo que todos nacían de una misma inquietud: comprender quiénes somos, qué transmitimos y cómo podemos construir una vida más coherente con nosotros mismos.

Desde pequeña fui una loca apasionada del cielo, los planetas, las estrellas, la luna, la energía y todo aquello que parecía existir más allá de lo que podemos ver.  Siempre me ha fascinado hacerme preguntas: por qué somos como somos, qué nos mueve, qué sentimos, qué repetimos y qué posibilidades existen dentro de cada persona.

También sentía que percibía el mundo de una forma diferente. Había palabras, gestos, silencios, cambios de tono, ambientes, despedidas o injusticias que parecían no afectar demasiado a los demás y que, sin embargo, a mí me atravesaban por completo.

Durante mucho tiempo pensé que quizá había algo mal en mí. Con los años comprendí que no era debilidad, sino sensibilidad. Más adelante me reconocí en el concepto de persona altamente sensible, que describe a quienes perciben más matices, sienten con intensidad y pueden saturarse antes, pero también poseen una capacidad muy profunda para observar, conectar y comprender lo que sucede a su alrededor.

Aquella forma de mirar ya estaba relacionada con todo lo que vendría después, aunque entonces todavía no lo sabía.

 

Aprender a leer lo que transmitimos

Mi recorrido formativo comenzó con Asesoría de Imagen, Protocolo y Comunicación. Allí pude poner nombre y estructura a muchas cosas que hasta entonces había observado de una manera intuitiva.

Comprendí que nuestra forma de presentarnos no se reduce a la ropa ni consiste en seguir tendencias. Todo aporta información: los colores que elegimos, nuestra manera de vestir, la postura, los gestos, la mirada, el tono de voz, la forma de entrar en un espacio y la seguridad —o inseguridad— con la que defendemos una idea.

Nuestra presencia empieza a hablar mucho antes de que pronunciemos la primera palabra.

También descubrí que aquello que proyectamos puede acompañar la persona que somos, pero también quedarse anclado en una etapa anterior. Podemos evolucionar interiormente y continuar actuando desde el miedo a llamar la atención, la necesidad de encajar o la costumbre de ocupar menos espacio del que nos corresponde.

Aquella formación me enseñó que presentarnos con intención no significa fabricar un personaje. Significa comprender los códigos que intervienen en la percepción y utilizarlos para que nuestra forma de estar, relacionarnos y expresarnos resulte más natural y más fiel a nosotros mismos.

 

De la imagen y la comunicación al marketing y la publicidad

Más adelante, mi trayectoria profesional me llevó al mundo del marketing y la publicidad. Esa etapa amplió mi mirada y me permitió trasladar muchas de aquellas ideas a empresas, proyectos y marcas.

Aprendí que no basta con tener una buena propuesta o algo valioso que ofrecer. También importa cómo lo presentamos, qué palabras escogemos, qué sensaciones despertamos y qué impresión estamos generando en las personas que nos encuentran.

Una marca empieza a hablar mucho antes de que alguien lea sus servicios. Lo hace a través de sus colores, sus fotografías, sus diseños, el tono de sus textos, su manera de relacionarse y todas las decisiones que toma al aparecer ante el mundo.

Con el tiempo comprendí que la presencia personal, nuestra manera de expresarnos y la identidad de un proyecto no eran terrenos tan diferentes. En todos ellos aparecía la misma pregunta:

¿Existe coherencia entre lo que somos, lo que queremos transmitir y aquello que los demás perciben?

 

 

La parte de mí que siempre miraba más allá

Mientras desarrollaba mi recorrido profesional, nunca desapareció mi interés por los ciclos, la energía y todo aquello que nos invita a mirar más allá de lo evidente.

 

Durante una etapa, MacGicMind estuvo muy vinculado a las lunas y a una mirada más intuitiva. Aquello también formaba parte de mí y de mi necesidad de comprender aspectos que no siempre resultan fáciles de explicar: cómo nos afectan las diferentes etapas que atravesamos, por qué cambia nuestra energía y qué podemos aprender de cada proceso.

 

No reniego de esa parte ni necesito borrarla para avanzar. Simplemente, el proyecto también ha evolucionado conmigo.

 

Hoy no la entiendo como un mundo separado del desarrollo personal ni de mi trayectoria profesional. Todo nace de una misma curiosidad: observar lo que sucede dentro de nosotros y comprender cómo termina influyendo en nuestra forma de vivir, relacionarnos, ocupar nuestro espacio y construir nuestros proyectos.

Cuando la teoría se encuentra con la vida

Hay cosas que podemos estudiar, analizar o explicar con claridad y que, sin embargo, solo terminamos comprendiendo de verdad cuando la vida nos obliga a atravesarlas.

 

Mis propias experiencias personales y profesionales me llevaron a revisar muchos patrones que tenía profundamente interiorizados: la necesidad de aprobación, el miedo a no encajar, la tendencia a hacerme pequeña, la dificultad para poner algunos límites y la costumbre de adaptarme a lo que creía que los demás esperaban de mí.

 

Durante mucho tiempo pude tener una vida social activa, personas alrededor, planes y una apariencia aparentemente segura y, aun así, seguir buscando mucha validación fuera. Estar acompañada no significaba necesariamente estar completamente conectada conmigo misma.

 

También comprendí que cambiar por dentro no transforma automáticamente nuestra manera de estar ante el mundo. Podemos haber evolucionado y, sin embargo, continuar hablando con inseguridad, justificándonos demasiado, escondiendo partes de nuestra personalidad o sosteniendo hábitos que ya no representan a la persona en la que nos estamos convirtiendo.

 

Mirar hacia dentro no sirve para quedarnos instalados en lo que duele. Sirve para reconocer qué estamos repitiendo, entender de dónde viene y empezar a elegir de una manera diferente.

 

Así nació la nueva etapa de MacGicMind

McGicMind nace de la unión de todas esas partes de mi recorrido.

 

De aquella primera formación que me enseñó a comprender los códigos de la presencia y la percepción. De mi experiencia posterior en marketing y publicidad. De mi sensibilidad y mi interés por comprender a las personas. De mi curiosidad por los ciclos, lo simbólico y esa dimensión más intuitiva de la vida. Y también de mis propios procesos, de las veces que he tenido que revisar mi ruta y aprender a ocupar mi lugar de una forma más completa.

 

Este proyecto no nace porque tenga todas las respuestas ni porque crea que existe una fórmula perfecta para vivir, relacionarnos o construir una marca.

 

Nace de una mirada, de una experiencia y de la voluntad de compartir aquello que he aprendido, observado y puesto en práctica a lo largo del camino.

 

Por eso, en MacGicMind conviven tres espacios que, en realidad, forman parte de una misma transformación.

 

Vivir con conciencia, para observar nuestros patrones, comprender mejor lo que sentimos y empezar a elegir con mayor claridad.

 

Expresarte con intención, para descubrir todo lo que transmitimos a través de nuestra actitud, nuestra presencia, nuestros gestos, nuestras palabras y nuestra forma de relacionarnos.

 

Marcas con identidad, para trasladar esa misma coherencia a los proyectos que construimos y conseguir que su personalidad, su mensaje y su forma de presentarse reflejen aquello que los hace diferentes.

 

Por dentro y por fuera

No quiero enseñarte a convertirte en otra persona, a construir una versión perfecta de ti ni a seguir unas normas que no te representan.

 

Quiero compartir reflexiones y herramientas que puedan ayudarte a observarte mejor, comprender lo que proyectas y encontrar un mayor equilibrio entre quién eres, cómo te presentas y aquello que quieres construir.

 

Porque cuando empiezas a conocerte por dentro, cambia tu forma de elegir, de relacionarte, de ocupar tu espacio y de situarte ante el mundo.

 

Y, poco a poco, tu vida, tu presencia y tus proyectos empiezan a contar una historia más parecida a ti.​​​​

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Puede que tengan razón. Pero con el tiempo he comprendido que construir un mundo propio no significa alejarse de la realidad, sino intentar vivir de una forma más consciente, más coherente y más cercana a quien realmente eres.

Este es el mío: un espacio para mirar hacia dentro, comprender lo que transmitimos y dar forma a todo aquello que queremos expresar y construir por fuera.

Dicen que vivo en mi mundo...

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